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Modernidad Cansada, La #52 Y Otras Fatigas

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Al constatar el cansancio de la modernidad enunciamos la fatiga de sus modos, que persisten en el tiempo. Asimismo, interpretamos su , su múltiple fractura: la quiebra de un modelo que apostó por la eternidad y ahora muestra su desvalimiento, su vulnerabilidad. Pero el fracaso no es acabamiento, ni fin, ni muerte. El fracaso, como el naufragio (ambas palabas están obviamente, emparentadas) deja restos. esos restos constituyen nuestro presente, nuestro mero presente de indicativo, que ya no es moderno sin poder ser otra cosa: posmoderno, por ejemplo, o que ya no es modelo que se impone sino modo que se expone: a otros, con otros, contra otros.Quizá la modernidad ya no nos protege con su aura ni nos ampara con sus promesas. Pero tampoco nos seduce un prefijo. La apuesta y el reto no son ya ganar tiempo sino pensar y actuar de otro modo, o modificar sin garantías, sin la coartada de ningún absoluto los modos que nos instruyen en este tiempo. fracaso, su múltiple fractura: la quiebra de un modelo que apostó por la eternidad y ahora muestra su desvalimiento, su vulnerabilidad. Pero el fracaso no es acabamiento, ni fin, ni muerte. El fracaso, como el naufragio (ambas palabas están obviamente, emparentadas) deja restos. esos restos constituyen nuestro presente, nuestro mero presente de indicativo, que ya no es moderno sin poder ser otra cosa: posmoderno, por ejemplo, o que ya no es modelo que se impone sino modo que se expone: a otros, con otros, contra otros.Quizá la modernidad ya no nos protege con su aura ni nos ampara con sus promesas. Pero tampoco nos seduce un prefijo. La apuesta y el reto no son ya ganar tiempo sino pensar y actuar de otro modo, o modificar sin garantías, sin la coartada de ningún absoluto los modos que nos instruyen en este tiempo. De un modo u otro esos restos constituyen nuestro presente, nuestro mero presente de indicativo, que ya no es moderno sin poder ser otra cosa: posmoderno, por ejemplo, o que ya no es modelo que se impone sino modo que se expone: a otros, con otros, contra otros.Quizá la modernidad ya no nos protege con su aura ni nos ampara con sus promesas. Pero tampoco nos seduce un prefijo. La apuesta y el reto no son ya ganar tiempo sino pensar y actuar de otro modo, o modificar sin garantías, sin la coartada de ningún absoluto los modos que nos instruyen en este tiempo. Quizá la modernidad ya no nos protege con su aura ni nos ampara con sus promesas. Pero tampoco nos seduce un prefijo. La apuesta y el reto no son ya ganar tiempo sino pensar y actuar de otro modo, o modificar sin garantías, sin la coartada de ningún absoluto los modos que nos instruyen en este tiempo. De un modo a otro, de un modo u otro. No de cualquier modo.

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Al constatar el cansancio de la modernidad enunciamos la fatiga de sus modos, que persisten en el tiempo. Asimismo, interpretamos su , su múltiple fractura: la quiebra de un modelo que apostó por la eternidad y ahora muestra su desvalimiento, su vulnerabilidad. Pero el fracaso no es acabamiento, ni fin, ni muerte. El fracaso, como el naufragio (ambas palabas están obviamente, emparentadas) deja restos. esos restos constituyen nuestro presente, nuestro mero presente de indicativo, que ya no es moderno sin poder ser otra cosa: posmoderno, por ejemplo, o que ya no es modelo que se impone sino modo que se expone: a otros, con otros, contra otros.Quizá la modernidad ya no nos protege con su aura ni nos ampara con sus promesas. Pero tampoco nos seduce un prefijo. La apuesta y el reto no son ya ganar tiempo sino pensar y actuar de otro modo, o modificar sin garantías, sin la coartada de ningún absoluto los modos que nos instruyen en este tiempo. fracaso, su múltiple fractura: la quiebra de un modelo que apostó por la eternidad y ahora muestra su desvalimiento, su vulnerabilidad. Pero el fracaso no es acabamiento, ni fin, ni muerte. El fracaso, como el naufragio (ambas palabas están obviamente, emparentadas) deja restos. esos restos constituyen nuestro presente, nuestro mero presente de indicativo, que ya no es moderno sin poder ser otra cosa: posmoderno, por ejemplo, o que ya no es modelo que se impone sino modo que se expone: a otros, con otros, contra otros.Quizá la modernidad ya no nos protege con su aura ni nos ampara con sus promesas. Pero tampoco nos seduce un prefijo. La apuesta y el reto no son ya ganar tiempo sino pensar y actuar de otro modo, o modificar sin garantías, sin la coartada de ningún absoluto los modos que nos instruyen en este tiempo. De un modo u otro esos restos constituyen nuestro presente, nuestro mero presente de indicativo, que ya no es moderno sin poder ser otra cosa: posmoderno, por ejemplo, o que ya no es modelo que se impone sino modo que se expone: a otros, con otros, contra otros.Quizá la modernidad ya no nos protege con su aura ni nos ampara con sus promesas. Pero tampoco nos seduce un prefijo. La apuesta y el reto no son ya ganar tiempo sino pensar y actuar de otro modo, o modificar sin garantías, sin la coartada de ningún absoluto los modos que nos instruyen en este tiempo. Quizá la modernidad ya no nos protege con su aura ni nos ampara con sus promesas. Pero tampoco nos seduce un prefijo. La apuesta y el reto no son ya ganar tiempo sino pensar y actuar de otro modo, o modificar sin garantías, sin la coartada de ningún absoluto los modos que nos instruyen en este tiempo. De un modo a otro, de un modo u otro. No de cualquier modo.

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